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miércoles, 23 de enero de 2008

Cinco minutos

Solo la conocí durante cinco minutos. Esa es la percepción que tengo de ella: solo me dio cinco míseros minutos. El resto del tiempo que pasamos juntas fue vació, porque en ella todo era fingido. Cada pose, cada sonrisa, cada mirada eran falsas. Tenía que hacerlo para seguir siendo el centro del universo. Como si de una estrella se tratara, buscaba ansiosamente cámaras inexistentes a las que dirigirles los más diversos gestos: ahora sorpresa, ahora enfado, ahora indignación, ahora felicidad. Lo más paradójico era que ella moría por ser auténtica y, sin embargo, al fingir lo único que conseguía era que nada en ella lo fuera. No se a donde fue a parar después de esos minutos. Probablemente siga buscando gente desconocida a la que engañar, dándole cinco minutos repartidos en miles de horas vacías.